Nos cuenta la tradición que Sant Roc, nació en Montpeller en el siglo XIV y vino a Barcelona para curar a enfermos de peste. Fue entonces cuando se contagió de la enfermedad. Todo el cuerpo se le llenó de heridas que le supuraban. La familia con quienes estaba, por temor a ser contagiados, lo echaron de casa. Enfermo y sin fuerzas quedó arrinconado en un extremo de la plaza Nova de Barcelona. Un perro que pasaba por allí, se compadeció del pobre hombre y lamiéndole las heridas lo curó. Desde entonces jamás se separaron.









